Las preguntas, resistencias y aprendizajes que aparecieron antes y durante mi proceso con psicóloga, psiquiatra y medicación.
Mi primera recomendación
Si estás atravesando un momento de mucho malestar emocional, mi recomendación es buscar ayuda psicológica. No tienes que esperar a sentir que ya no puedes más ni demostrar que eres capaz de resolverlo todo en soledad.
Lo que comparto aquí es mi experiencia, no una indicación médica. Cada proceso y cada tratamiento deben ser evaluados de forma individual por profesionales de salud mental.
Antes de comenzar
Las dudas y resistencias que yo tenía
01
Si los demás pueden, ¿por qué yo no?
Durante mucho tiempo pensé que otras personas podían afrontar sus problemas sin ayuda y que yo también debía poder. Con el tiempo comprendí que pedir acompañamiento no disminuye mi capacidad: me entrega un espacio seguro, herramientas y una mirada profesional para trabajar aquello que sola ya no podía sostener de la misma manera.
02
¿Tomar medicación significa que perdí?
Yo asociaba la medicación con haber caído demasiado bajo o haber perdido una batalla. Hoy la veo de otra manera: aceptar ayuda fue una ganancia y una decisión de cuidado. No anuló mi esfuerzo; me dio una base desde la cual pude comenzar a hacer cambios.
03
¿Voy a volverme dependiente?
Ese miedo también estuvo presente. Los antidepresivos no se consideran adictivos en el mismo sentido que las sustancias que producen búsqueda compulsiva, pero sí pueden provocar síntomas de retirada si se suspenden de forma brusca. Por eso nunca deben iniciarse, ajustarse ni dejarse sin indicación y seguimiento del profesional que los prescribe.
04
¿El cambio será por la medicación o por mí?
Cuando empecé a sentirme mejor quise dejarla porque necesitaba saber si el cambio era realmente mío. Aprendí que no tenía que elegir entre una cosa y la otra: la medicación podía disminuir síntomas y, al mismo tiempo, yo seguía construyendo el cambio mediante la terapia, mis rutinas, mis límites y mis decisiones.
Lo que viví
La medicación fue un antes y un después para mí
Según las evaluaciones de mis especialistas, yo estaba atravesando una depresión moderada, ansiedad generalizada y estrés postraumático. Vivía con pensamientos rumiantes constantes: mi mente no descansaba, sentía angustia durante todo el día y lloraba con mucha frecuencia.
En mi caso la respuesta fue rápida. Durante la primera semana de medicación sentí que aquella voz interior que no me dejaba pensar bajaba su volumen. Por fin podía observar mis pensamientos con mayor distancia y recuperar una sensación de control. Los primeros meses también experimenté dificultad para llorar; cualquier efecto que incomode o preocupe debe conversarse con quien indicó el tratamiento.
Este fue mi resultado personal. El tiempo de respuesta, los efectos y el medicamento adecuado pueden ser distintos para cada persona.
Un trabajo conjunto
La terapia y el acompañamiento psiquiátrico fueron de la mano
La medicación no hizo todo el trabajo por sí sola. Mientras mis síntomas disminuían, continué con terapia psicológica y fui cambiando rutinas, actitudes y formas de relacionarme. Empecé a hacer más de aquello que me hacía bien y a poner límites frente a lo que me dañaba.
Cuando llegó el momento de reducir o finalizar la medicación, la decisión se tomó con acompañamiento profesional. Los cambios que permanecieron también estaban sostenidos por todo lo que había aprendido y practicado durante el proceso.
Una decisión acompañada
No todas las personas necesitan medicación y no todos los tratamientos son iguales. La psicoterapia, la medicación o su combinación se eligen según las necesidades, preferencias y situación clínica de cada persona.
No suspendas un medicamento de forma repentina. Si deseas cambiar la dosis, dejarlo o tienes efectos adversos, conversa con el profesional que lo prescribió para acordar un plan seguro. Si existe peligro inmediato o pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de emergencia en tu localidad.
Aceptar ayuda también es elegirte
No estás perdiendo una batalla. Estás abriendo un periodo para comprender qué ya no puedes seguir sosteniendo, aprender nuevas herramientas y construir una vida más coherente con aquello que necesitas.